París — En Un Grito en París, la capital francesa no es solo un telón de fondo. Es, más bien, una idea: la de una ciudad que durante siglos ha funcionado como laboratorio intelectual, refugio de exilios y escenario de confrontación política. Desde esa tradición, el periodista Daniel Mejía Lozano construye una obra que se sitúa en la intersección entre la conversación y el análisis, reuniendo voces que han participado, desde distintos lugares, en la definición del presente político y cultural.
El libro propone una serie de diálogos que abordan los desafíos contemporáneos —la fragilidad democrática, las tensiones sociales, el papel de los liderazgos— con una mirada que privilegia la reflexión directa sobre la narrativa mediada. En ese conjunto de voces aparece una figura que, en principio, podría parecer ajena al ámbito político: la actriz y directora francesa Aurélia Khazan.

Su presencia, sin embargo, no es accidental.
Un Grito en París articula su estructura a partir de entrevistas con figuras de alto perfil político y cultural, entre ellas el ex jefe del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero; el ex presidente colombiano Ernesto Samper Pizano; el ex vicepresidente Francisco Santos Calderón; el ex vicepresidente ecuatoriano Otto Sonnenholzner; la ex fiscal mexicana Celia Rivas Rodríguez; el dirigente político Juan Carlos Valencia; y la cantante Cristina del Valle, integrante del dúo Amistades Peligrosas.
Cada conversación se construye como una pieza autónoma, pero el conjunto configura una cartografía de las tensiones contemporáneas. Las entrevistas no buscan únicamente registrar posiciones, sino explorar los procesos de toma de decisiones, las contradicciones del poder y las narrativas que sostienen —o erosionan— la legitimidad democrática.
En ese contexto, la inclusión de Khazan introduce un desplazamiento significativo: el de la política hacia el territorio de la cultura.

El arte como otra forma de pensamiento político
Más conocida por su trabajo en el cine independiente, Khazan ha desarrollado una obra centrada en la exploración de la identidad, el desarraigo y las experiencias liminales. Su participación en el libro, así como su rol como prologuista de la edición francesa, sugiere una ampliación del campo de análisis: la política no solo como estructura institucional, sino como experiencia vivida y representada.
En un mensaje publicado en sus redes sociales, la cineasta describió su implicación en el proyecto en términos que revelan tanto afinidad intelectual como un momento de transición en su propia trayectoria:
“Il y a des rencontres artistiques qui résonnent comme une évidence.
Je suis heureuse et honorée d’écrire la préface du prochain livre du journaliste colombien Daniel Mejía Lozano.
Ce projet est né à Paris, dans un lieu chargé de mémoire et de littérature, un espace où les mots, les images et les silences se répondent.
Écrire une préface, c’est entrer dans l’univers de l’autre tout en y déposant sa propre voix. C’est un exercice à la fois intime et exigeant.
Ce travail s’inscrit dans un moment particulier de mon parcours, où l’écriture et la réalisation prennent une place de plus en plus importante, en dialogue avec mes engagements artistiques et humains.
Merci Daniel Mejía Lozano Journaliste pour ta confiance.
Some artistic encounters feel like quiet certainties.
I am happy and honoured to write the preface of the upcoming book by Colombian journalist Daniel Mejía Lozano.
This project was born in Paris, in a place filled with memory and literature, a space where words, images and silences echo one another.
Writing a preface means entering someone else’s world while offering your own voice. It is both an intimate and demanding exercise.
This work comes at a particular moment in my journey, where writing and directing are becoming increasingly present, in dialogue with my artistic and human commitments.
Thank you Daniel for your trust.”
París como escenario y metáfora
En Un Grito en París, la ciudad aparece como un espacio donde convergen historias, ideas y tensiones globales. No es casual que sea allí donde se desarrollen estas conversaciones. Desde la Ilustración hasta los debates contemporáneos sobre migración y democracia, París ha sido un punto de encuentro para voces diversas, a menudo en conflicto.
El libro se inscribe en esa tradición, pero también la actualiza: incorpora perspectivas latinoamericanas en un espacio históricamente dominado por narrativas europeas, y propone un diálogo que trasciende geografías.
En ese entramado, la presencia de Aurélia Khazan —como entrevistada y prologuista— refuerza una idea central: que la cultura no es un apéndice del debate político, sino uno de sus lenguajes fundamentales. Su trayectoria, marcada por el cruce de disciplinas y territorios, encarna precisamente esa intersección.
En última instancia, la obra de Daniel Mejía Lozano no busca ofrecer respuestas concluyentes, sino abrir un espacio de reflexión. Y es en esa apertura —en ese “grito” que resuena en una ciudad cargada de historia— donde el libro encuentra su lugar dentro de una conversación global aún en curso.


