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En Reims, Selva Almada en el corazón del Festival de Artes dedicado a Argentina

Reims Francia

Una ciudad entre historia y modernidad

Llegar a Reims es sentirse en un lugar donde la historia late en cada piedra. Esta ciudad del noreste de Francia, ubicada en la región de Champaña-Ardenas, es conocida por su catedral gótica, donde durante siglos fueron coronados los reyes de Francia, y por sus casas de champán, que han dado fama mundial a la región. Sus calles combinan fachadas medievales y renacentistas con avenidas modernas, cafés tranquilos y museos que recuerdan tanto la riqueza cultural como la compleja historia del país.

Reims no es solo un símbolo del pasado francés; es también un centro cultural activo. Sus teatros, galerías y festivales la convierten en un nodo donde convergen tradición e innovación. El faraway – festival des arts aprovecha esa singularidad: una ciudad histórica que abre sus espacios contemporáneos a nuevas voces y diálogos internacionales.

Una voz desde los márgenes

En esta ciudad, el festival dedicó su programación a la Argentina, un país presentado no como folklore o patrimonio, sino como un territorio vivo, marcado por la memoria, la historia reciente y las tensiones sociales.

Selva Almada se convirtió en la figura central del festival. Nacida en 1973 en Entre Ríos, creció en un pequeño pueblo del norte argentino, lejos de los centros culturales. Esa distancia moldeó su escritura: atenta a gestos, silencios, paisajes y tensiones invisibles que estructuran la vida comunitaria. Sus textos funcionan como un examen moral del mundo, donde cada detalle importa.

Entrevista para América

Tuve la oportunidad de entrevistarla para el canal América. Almada habló de su fascinación por la magia y los videntes, figuras que atraviesan sus obras y guían a sus personajes en mundos donde lo invisible tiene peso. Rememoró su infancia, sus maestros literarios y la influencia del cine, que nutre su mirada sobre el movimiento, la tensión y la vida cotidiana.

La conversación abordó también Chicas muertas, donde investiga tres feminicidios de los años ochenta. Almada destacó que sus personajes femeninos no son símbolos, sino protagonistas y testigos del mundo real. Para ella, la literatura tiene la responsabilidad de nombrar lo que ha sido negado, sin sensacionalismo.

Una escritura de contención

Desde El viento que arrasa, su prosa es seca y precisa, cada frase medida, cada silencio significativo. Ladrilleros y No es un río confirman una obra coherente: un estilo al servicio de la atención a cuerpos, gestos y tensiones sociales. La literatura de Almada no busca consolar; confronta al lector con la realidad.

En su conferencia en Reims, esta ética se hizo tangible. Para ella, escribir no es inventar, sino permanecer junto a aquello que incomoda hasta que las palabras se vuelven necesarias. Esta mirada distingue su obra del experimentalismo formal y del realismo complaciente.

Nombrar lo invisible

La magia, los secretos familiares y las fuerzas invisibles guían la construcción de sus historias. En Chicas muertas, esa mirada se aplica a los feminicidios: sus personajes reflejan vidas complejas y conflictos reales, lejos de simplificaciones o dramatizaciones excesivas. Nombrar lo invisible es, para Almada, un acto ético tanto como estético.

Argentina en presente

El festival encontró en Almada la encarnación de su proyecto: mostrar la Argentina contemporánea en toda su complejidad. Sus textos revelan un país en tensión, donde arte y vida se cruzan, y donde la atención a los detalles y a lo invisible es clave para comprender el mundo.

Para un público europeo, acostumbrado a un canon latinoamericano consolidado, Almada ofrece un realismo sutil y ético. Su literatura interpela, enseña a mirar y pone el foco en lo que normalmente pasa inadvertido.

La fuerza de la contención

Al final de la conferencia, los aplausos fueron largos pero medidos. Reflejaban menos entusiasmo que reconocimiento a un recorrido literario construido con paciencia, coherencia y exigencia ética. Selva Almada no busca seducir; demuestra que la literatura, cuando se toma en serio, es un ejercicio de atención y un modo de comprender la realidad en toda su complejidad.

En Reims, su mirada encontró un eco perfecto. Y el festival, al colocarla en el centro, confirmó que el arte, cuando asume su dificultad, sigue siendo un espacio privilegiado de reflexión y diálogo cultural.

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