En el Perú, las mujeres han tenido que conquistar cada espacio político con esfuerzo, coraje y persistencia. Aunque hoy su presencia es más visible en el Congreso, en los municipios y en los partidos, la igualdad real aún está lejos. Y lo más preocupante: en los últimos años, en lugar de avanzar, hemos empezado a retroceder en derechos que ya estaban ganados.
Si bien, no hace tanto que las mujeres peruanas pudimos votar por primera vez. Fue en 1955, tras la lucha de valientes pioneras como María Jesús Alvarado y Zoila Aurora Cáceres, quienes enfrentaron el machismo de su época para abrir el camino a futuras generaciones. Desde entonces, las mujeres hemos demostrado capacidad y liderazgo, logrando llegar a espacios de poder antes impensables. Sin embargo, seguimos siendo minoría y, muchas veces, somos tratadas con desdén o subestimadas dentro de la política.
En ese sentido, si bien la Ley de Paridad y Alternancia fue un paso histórico que permitió que más mujeres ocuparan cargos en el Congreso y en los gobiernos locales. En las elecciones de 2021, el 37,7% de los congresistas elegidos fueron mujeres, una cifra que marcó un récord. Pero el avance se ha estancado. El actual Congreso ha mostrado una clara tendencia conservadora que amenaza los derechos de las mujeres y las diversidades. Se han presentado proyectos de ley que buscan eliminar el enfoque de género en la educación, limitar la participación de mujeres en ciertos espacios y deslegitimar políticas públicas de igualdad.
En lugar de fortalecer las conquistas alcanzadas, algunos sectores del Parlamento están intentando devolvernos a tiempos donde la voz de la mujer debía callar o conformarse con un papel secundario.

A todo esto, se suma la violencia política que sufren muchas mujeres por el solo hecho de atreverse a participar. Candidatas y congresistas son blanco de burlas, insultos, ataques en redes y hasta amenazas de muerte. Solo para hacernos una idea, según el Jurado Nacional de Elecciones, más del 50% de las candidatas han sido víctimas de algún tipo de violencia política. Y aunque existe una ley para sancionarla, su aplicación es débil y muchas veces los agresores quedan impunes.
Finalmente, si bien la lucha no termina, la historia demuestra que los derechos no se regalan, se conquistan. Y hoy, en un contexto en el que algunos grupos políticos buscan retroceder en igualdad, la voz de las mujeres es más necesaria que nunca.
El futuro de la política peruana dependerá de que la sociedad defienda los avances logrados y no permita que se borren años de lucha feminista y ciudadana.
Las mujeres no piden privilegios: exigen justicia, respeto y participación real. Porque sin mujeres libres y con poder, no hay democracia posible.

