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Columnas

Cuando la fama reemplaza la formaciòn: Familia, representaciòn y riesgo para la democracia peruana

En el Perú contemporáneo, la política tiende a premiar la visibilidad: rostros mediáticos, deportistas y figuras “influyentes” ocupan cada vez más espacios en las listas partidarias. Ese fenómeno —amplificado por redes y marketing— no solo erosiona la calidad técnica de la representación; también tiene efectos profundos sobre la vida cívica y la función social de la familia como semilla de ciudadanía. Recuperar la capacidad de elegir con criterio es una tarea institucional y cultural que exige reformas normativas y una discusión pública vinculada al bienestar familiar.

1. Del “rostro” al escaño: descripción del fenómeno

En los últimos procesos electorales se ha vuelto visible una práctica sencilla y rentable para los partidos: reclutar personas con alto reconocimiento público para “arrastrar” votos. La lógica es comprensible desde el punto de vista mercadológico: notoriedad = atención = votos. Pero desde la perspectiva de la gobernanza, el atajo tiene un alto costo: el triunfo de la performatividad sobre la preparación técnica, y de la viralidad sobre la vocación de servicio.

La investigación sobre celebrity politics documenta cómo la fama se convierte en un capital convertible en poder político; es decir, la notoriedad puede transformarse en capital político con relativa facilidad, aun sin trayectorias públicas o formación política previa. Esta idea está bien formulada por Olivier Driessens al concebir la “celebrity capital” como un recurso intercambiable que facilita la entrada a campos como el político. 

En Perú, se produce un vacío regulatorio que facilita este fenómeno pues los requisitos legales para ser congresista son mínimos (nacionalidad, edad y goce de derechos) y el procedimiento de inscripción de organizaciones políticas no exige, en la práctica, filtros de idoneidad profesional o éticos más allá de requisitos administrativos, lo que facilita estrategias basadas en la popularidad. 

2. Evidencia empírica sobre cómo votan los electores y por qué la fama funciona

Estudios empíricos recientes muestran que los votantes tienden a valorar atributos de personalidad, carisma y cobertura mediática cuando toman decisiones en contextos de información incompleta —especialmente cuando hay desconfianza institucional—. Banerjee y otros autores han mostrado efectos directos e indirectos de la percepción de atributos de figuras mediáticas en la preferencia por candidatos-celebridad; Beta y colegas han descrito cómo las campañas digitales amplifican estas percepciones mediante imágenes y performances. 

Este efecto de la celebridad en las preferencias electorales ha sido estudiado por diversa literatura que demuestra que la fama puede producir ventajas electorales reales y cuantificables, aunque esa ventaja no necesariamente se traduzca en mejores resultados de gobernabilidad o en mayor capacidad técnica para legislar. 

3. Consecuencias para la calidad democrática y la vida familiar

¿Por qué debe importar esto a quienes trabajamos en políticas familiares? Porque la familia, además de ser un espacio de cuidado, cumple funciones políticas: transmite valores, socializa a las nuevas generaciones y contribuye al capital social de una sociedad. Las sociedades con fuertes lazos familiares —según Alesina y Giuliano— tienden a presentar patrones de menor participación política y menor capital social generalizado si ese lazo se vuelve una “zona de frontera” exclusiva; en ese contexto, la política convertida en espectáculo refuerza la distancia entre lo público y lo privado, debilitando la formación cívica que debería complementarse con la educación familiar. 

En términos prácticos, cuando los procesos políticos se “celebrifican”, se reduce la oferta de modelos de ciudadanía orientados al servicio colectivo y se aumenta la exposición de la familia a mensajes que premian la fama y el consumo por sobre la deliberación pública. Para el bienestar familiar esto implica dos riesgos: (1) menor inversión simbólica en la educación cívica dentro del hogar; (2) la normalización de modelos de autoridad basados en la notoriedad, no en la competencia ni en el compromiso ético.

Hay que tener en cuenta que la familia y participación política está interconectada pues, investigaciones económicas y políticas muestran correlaciones entre la estructura de la familia, la socialización política y los niveles de participación ciudadana: sociedades con patrones de familismo extremo suelen tener menor confianza generalizada y menor involucramiento cívico, lo cual alimenta la preferencia por atajos comunicacionales (celebridades) en la política. 

4. Criminalidad, selección y la erosión de la confianza pública

Un componente extremo del problema aparece cuando figuras con antecedentes judiciales compiten o llegan a cargos públicos. Estudios recientes que combinan registros electorales y judiciales muestran que candidatos con cargos criminales están sobrerrepresentados en algunas elecciones —un fenómeno que plantea riesgos de captura institucional y de impunidad. En mercados políticos donde la rendición de cuentas es débil, la selección de individuos con antecedentes agrava las percepciones de corrupción y profundiza la desconfianza. 

Se puede inferir también una relación criminalidad con la política, como hemos observado existe evidencia empírica reciente documenta que individuos con cargos criminales tienen más probabilidad de postular y de ganar en ciertas jurisdicciones, lo cual exige controles previos más rigurosos para preservar la confianza pública. 

5. Comparaciones internacionales: lecciones prácticas

La región y el mundo ofrecen ejemplos variados. Romário (Brasil) y George Weah (Liberia) ilustran la ambivalencia del fenómeno: la fama abre puertas, pero la gobernabilidad exige equipos técnicos y aprendizaje institucional —que no siempre llegan sin un andamiaje partidario sólido. La experiencia comparada demuestra que el efecto de la celebridad depende del contexto institucional: en sistemas con partidos fuertes y filtros internos, la celebridad puede incorporar nuevas demandas; en sistemas frágiles, tiende a amplificar la improvisación. 

6. Propuestas vinculadas a la familia y la reconstrucción del tejido cívico

Para revertir los efectos perversos de la celebridad en la política y fortalecer la relación entre familia y democracia propongo un paquete de reformas y acciones articuladas:

1. Transparencia obligatoria en selección partidaria. Los partidos deben publicar criterios objetivos y hojas de vida verificables de sus candidatos. Esto permite que las familias —como agentes de socialización— dispongan de información para orientar conversaciones cívicas en el hogar. 

2. Controles preventivos sobre antecedentes. Establecer verificación judicial previa a la inscripción de candidaturas para delitos que afecten la confianza pública. No se trata de excluir arbitrariamente, sino de proteger instituciones y modelos de referencia democrática. 

3. Mecanismos de evaluación y capacitación. Primarias o comités evaluadores que incorporen criterios de mérito y programas de formación sobre funciones públicas (un “curso de inducción” obligatorio antes de asumir cargos electivos). Esto ayuda a los hogares que enseñan civismo a contar con modelos políticos más responsables.

4. Educación cívica familiar y escolar. Programas que fortalezcan la capacidad de las familias para enseñar sobre deliberación, instituciones y responsabilidad pública —vinculando el currículo escolar con iniciativas comunitarias impulsadas por gobiernos locales y ONG. 

5. Campañas mediáticas y contranarrativas. Incentivar el periodismo de verificación y plataformas que comparen propuestas y trayectorias, de modo que la conversación pública —incluida la que ocurre en las familias— privilegie el contenido sobre la novedad. 

Urge la eficacia de filtros y profundizar la educación cívica. La evidencia sugiere que combinar controles razonables con mayor educación cívica mejora la calidad de la representación sin vulnerar principios democráticos de inclusión; por eso las reformas deben calibrarse cuidadosamente. 

Conclusión — una invitación desde el Centro de Política Familiar

La disputa por el sentido de la política es también una disputa por el modelo de familia que queremos reproducir: ¿una familia consumista que admira la fama, o una que forma ciudadanos críticos y responsables? Como directora del Centro de Política Familiar sostengo que la respuesta está en:

  1. la corresponsabilidad: partidos y reguladores deben elevar estándares de selección; 
  2. las escuelas y las familias deben reforzar la socialización cívica; y,
  3. los medios deben priorizar la verificación y el contexto.

No se trata de excluir figuras populares de la vida pública: la democracia se nutre de pluralidad. Se trata de reconstruir los puentes entre fama y responsabilidad, entre hogar y espacio público, para que la próxima generación encuentre no solo rostros brillantes, sino también referentes con capacidad y compromiso para servir.

Escrito por: : Karin Ramírez Figueroa
Directora del Centro de Política Familiar

Abogada, docente universitaria e investigadora

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