Barcelona — En una tarde que evocó el espíritu de los grandes cronistas europeos, el espacio cultural Espai Línia se convirtió el pasado 27 de mayo en un punto de encuentro para la literatura, el periodismo y la reflexión política. La presentación de Un Grito en París, del periodista colombiano Daniel Fernando Mejía Lozano, no solo fue un éxito de asistencia, sino también un ejercicio vivo de diálogo intelectual que recordó, en su ambición narrativa, ecos de Honoré de Balzac, Gabriel García Márquez y Ryszard Kapuściński.

Lejos del formato tradicional de presentación literaria, el evento reunió a diversas figuras del ámbito cultural y periodístico, consolidándose como un espacio de intercambio donde la palabra fue protagonista. La conversación estuvo moderada por la doctora en periodismo y criminóloga Thais Armengol, quien condujo el diálogo hacia las tensiones contemporáneas que atraviesan tanto a América Latina como a Europa.
Un Grito en París se construye a partir de encuentros con algunas de las voces más relevantes del panorama político, cultural y social iberoamericano. Entre ellas destacan el expresidente colombiano Ernesto Samper Pizano, la cantante española Cristina del Valle y el artista colombiano Jerau. Sin embargo, el libro trasciende la lógica de la entrevista convencional: cada conversación se integra en una arquitectura narrativa más amplia, donde las ideas dialogan, se confrontan y se resignifican.

Mejía Lozano propone así una obra coral en la que las voces no solo responden preguntas, sino que interactúan entre sí, construyendo un mosaico complejo sobre temas como la memoria histórica, el poder político y las dinámicas sociales contemporáneas. El resultado es un relato que interpela al lector, invitándolo a cuestionar las estructuras que configuran la realidad de ambos continentes.
El evento en Espai Línia reflejó precisamente ese espíritu. La asistencia de otras figuras literarias y del ámbito cultural reforzó la dimensión colectiva del proyecto, convirtiendo la presentación en una extensión natural del propio libro: un espacio donde distintas perspectivas convergen para ofrecer una lectura más profunda del presente.
En tiempos de discursos fragmentados y polarización, Un Grito en París se posiciona como una apuesta por el diálogo y la complejidad. Y en Barcelona, por una noche, esa conversación cobró vida.

